La neumonía es una de las tres primeras causas de mortalidad en el adulto mayor y es causa frecuente de atención urgente e ingreso hospitalario. La edad y los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento como la inmunosenescencia , la disminución del reflejo de la tos, o la capacidad de aclaramiento mucociliar (capacidad para expulsar el moco o las flemas) condicionan un aumento de las infecciones respiratorias.

Padecer enfermedades pulmonares como la bronquitis crónica aumenta el riesgo. En pacientes con Epoc las agudizaciones afectan a cerca del 80 por ciento de pacientes.

La disfagia (dificultad para tragar y/o atragantamientos) es un importante factor de riesgo. Hasta el 50% de ancianos ingresados por neumonía presentan disfagia o microaspiraciones silentes.

El anciano frágil es un paciente de alto riesgo. Son factores de fragilidad la comorbilidad (la presencia de varias enfermedades crónicas como la diabetes, insuficiencia cardiaca o insuficiencia renal), la polifarmacia, el deficiente estado nutricional, el uso frecuente de servicios hospitalarios en los últimos tres meses, la dependencia, la institucionalización, la demencia o la falta de apoyo social.